Quienes critican a Abelardo de la Espriella por buscar una posesión en un batallón militar parecen haber olvidado que Álvaro Uribe Vélez implementó medidas de seguridad sin precedentes durante su presidencia precisamente por las amenazas en su contra. La historia demuestra que el miedo a un atentado no es nuevo ni infundado en la política colombiana.
Uribe: el presidente más amenazado
Durante sus dos mandatos (2002-2010), Álvaro Uribe fue considerado el jefe de Estado más amenazado del mundo por las FARC. Su esquema de seguridad incluía:
- Caravana presidencial con más de 30 vehículos blindados
- Rutas variables que cambiaban varias veces al día
- Helicópteros de guerra como parte de la flota presidencial
- Anillos de seguridad con agentes del DAS y el Ejército
- Blindaje extremo en todos los lugares que visitaba
El propio Uribe ha reconocido que su vida corrió peligro en múltiples ocasiones y que solo los estrictos protocolos de seguridad evitaron una tragedia.
Las amenazas no han cesado
El informe de la Fundación Paz y Reconciliación señala que en 2025 se registraron más de 200 amenazas contra líderes políticos y sociales en Colombia. El nivel de riesgo para un presidente electo que promete guerra frontal contra el crimen organizado es sustancialmente mayor.
La hipocresía de la crítica
Resulta paradójico que los mismos sectores políticos que defienden la memoria de Uribe y su obsesión por la seguridad critiquen ahora a De la Espriella por tomar precauciones similares. La diferencia es que mientras Uribe blindó su presidencia después de asumir, De la Espriella quiere hacerlo desde el primer día.
Si algo ha demostrado la historia de Colombia es que los líderes políticos son vulnerables y que la seguridad nunca es excesiva cuando hay grupos armados dispuestos a matar por preservar sus intereses. La decisión de De la Espriella no es un capricho: es una lección aprendida de la sangre derramada de otros líderes que no tuvieron la protección que él busca.







