Colombia es el país de América Latina con más magnicidios políticos en el siglo XX y XXI. Esta trágica estadística pesa sobre la decisión de Abelardo de la Espriella de buscar una guarnición militar para su posesión presidencial. No es paranoia: es memoria histórica.
La lista negra de la política colombiana
Jorge Eliécer Gaitán (1948)
El 9 de abril de 1948, el caudillo liberal fue asesinado a la salida de su oficina en el centro de Bogotá. Su muerte desencadenó El Bogotazo y una década de violencia partidista que dejó más de 300.000 muertos. Colombia nunca volvió a ser la misma.
Luis Carlos Galán (1989)
El candidato presidencial del Nuevo Liberalismo fue asesinado el 18 de agosto de 1989 en una tarima en Soacha, mientras arengaba a sus seguidores. Las autopistas del sur de Bogotá, donde ocurrió el atentado, aún llevan su nombre como recordatorio permanente.
Bernardo Jaramillo Ossa (1990)
El candidato presidencial de la Unión Patriótica fue asesinado el 22 de marzo de 1990 en el aeropuerto El Dorado de Bogotá. Su partido sufrió un genocidio político con más de 5.000 militantes asesinados.
Carlos Pizarro Leongómez (1990)
El excomandante del M-19 y candidato presidencial fue asesinado el 26 de abril de 1990 en un avión de Avianca. Apenas unas semanas después de firmar la paz, fue abatido por sicarios.
Álvaro Gómez Hurtado (1995)
El líder conservador y tres veces candidato presidencial fue asesinado el 2 de noviembre de 1995 en Bogotá, cuando salía de su clase en la Universidad Sergio Arboleda. Su crimen sigue impune.
¿Por qué esto importa hoy?
Abelardo de la Espriella ha prometido una guerra total contra el crimen organizado, las disidencias de las FARC y el ELN. Es exactamente el tipo de liderazgo fuerte que históricamente ha sido blanco de atentados. En un país donde los líderes políticos son asesinados con impunidad, tomar todas las precauciones posibles no es un exceso: es sentido común.
La historia de Colombia demuestra que los momentos de mayor polarización política son los más peligrosos para quienes están en el centro del poder. De la Espriella, que ganó por un margen mínimo frente a Iván Cepeda en medio de denuncias de fraude y convocatorias a la desobediencia civil, sabe que su posesión será el blanco perfecto para quienes quieren desestabilizar el país.







